Curtido criminal: SEMANA revela la historia del menor que se voló del ICBF y que está relacionado con el atentado contra Miguel Uribe Turbay

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La fuga del menor de edad relacionado con el atentado contra Miguel Uribe Turbay resulta un golpe demoledor a la investigación. No se trataba de un testigo cualquiera, era una de las personas más cercanas a Élder José Arteaga, alias el Costeño, cerebro de la acción criminal. El joven de 17 años era el escolta, la sombra y el sicario de confianza del Costeño, e incluso era quien iba a perpetrar el acto sicarial, pero, por su “experiencia” en el bajo mundo, se dio cuenta de que era una misión suicida y se echó para atrás.Pese a ser menor de edad, el Ñero, como le conocen en el barrio El Muelle, era un curtido delincuente que a los 11 años se convirtió en sicario. Aunque había aceptado la misión de acabar con la vida del senador Uribe Turbay, faltando unos días declinó porque concluyó que lo iban a matar, y los 10 millones de pesos que le habían prometido solo se los entregarían luego del asesinato.SEMANA conoció detalles de la fugaz declaración que entregó el joven, de quien se reserva la identidad por tratarse de un menor de edad y una pieza clave en la investigación, por lo que no se explica cómo le permitieron evadirse del centro de emergencia del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), de donde no salió de forma tan voluntaria como se ha pretendido plantear.No salió por la puerta principal del centro del ICBF, lo hizo saltándose una tapia, en medio de forcejeos con las personas a cargo y en compañía de otros dos menores de edad. Sin embargo, la directora del ICBF, Astrid Eliana Cáceres, explicó que el menor “no estaba en calidad de capturado, no estaba en un centro de privación de libertad y no se fugó porque no estaba en el sistema de responsabilidad penal. Entró al ICBF por su condición de migrante no acompañado y se ubica en un centro de emergencia donde le dan abrigo y comida”.Este joven, mano derecha del Costeño, estaba desde hace días en el radar de la Fiscalía y de la Policía, pues su nombre había salido a relucir en la investigación, pero, luego de decidir no participar en el crimen, huyó hacia Ecuador, donde se encontraba refugiado hasta que decidió presentarse ante las autoridades. La decisión la tomó luego de establecer contacto con otros criminales de Engativá, quienes le advirtieron que “estaba muy caliente y boleteado” y que podría terminar capturado y condenado por su participación en el crimen, aun cuando se echó para atrás a última hora. Por medio de un comunicado, la misma Fiscalía dio a conocer la entrega del menor, que no duró sino tres días, porque el lunes de esta semana se voló. “En desarrollo de la investigación sobre el atentado contra el senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, ante la Fiscalía se presentó un adolescente de 17 años que estaba siendo indagado por su presunta participación en una de las reuniones de planeación del ataque”, se lee en el comunicado de la entidad, fechado el 25 de julio.Los investigadores se encontraron con un hombre joven, curtido en el hampa, que conocía al detalle la planeación del atentado, con un dato que resulta revelador: la acción criminal contra Miguel Uribe Turbay no fue un asunto hecho a la ligera, la planeación del crimen se empezó a realizar con cuatro meses de antelación. Para el Costeño, no había duda de que el mejor hombre para acabar con la vida de Uribe Turbay era este menor: era quien le hacía las vueltas y fue elegido por su efectividad. Por eso, ante la negativa, en las declaraciones que ha revelado SEMANA, queda en evidencia cómo el Costeño buscaba afanosamente un asesino, con la condición de que fuera menor de edad, que, en sus palabras, no va para la cárcel y termina en el ICBF.El joven, quien es de origen venezolano, contó a las autoridades que empezó su vida criminal desde los 11 años, cuando abandonó su hogar, y desde entonces se ha movido en las calles, es consumidor y adicto a las drogas, y ese fue el camino que lo llevó a la olla de Engativá donde conoció al Costeño, quien lo reclutó y lo convirtió en su mano derecha.El menor también identificó uno a uno a los cómplices del atentado con nombre propio, alias y su rol en la banda; los seguimientos, cómo se pactó el crimen, cuál era el mejor día, incluso se refirió al intento que iban a realizar semanas atrás, pero que finalmente aplazaron. Justamente, sobre el actuar criminal de la banda, el menor de edad contó de crímenes que ya habían cometido, no solo él, sino los demás miembros de la banda que se enquistó en el barrio El Muelle, en Engativá. Ahí entra en la ecuación criminal otro hombre clave en la investigación y que ya está identificado. Su nombre es David y es conocido con el alias del Caleño. Junto con el Costeño eran los dueños de la olla de Engativá, y tenía línea directa con el jefe del negocio del microtráfico en Bogotá, el llamado Mosco del Centro.La declaración de un testigo reservado, publicada por SEMANA, advertía: “Comencé a saber que Chipi (el Costeño) traía libras de droga y las transportaba hasta Bogotá en una furgonetica pequeña. Él lo hacía una vez al mes y traía 40 o 50 libras de marihuana prensada para vender aquí en Bogotá”. Ese es otro de los lazos que atan a esta oficina de sicarios con las disidencias de las Farc. Katherine Andrea Martínez, alias Gabriela, otra de las implicadas en el atentado contra Uribe Turbay, fue capturada cuando estaba a punto de encontrarse con emisarios de las disidencias, en Caquetá, para internarse en el monte con ellos, en donde le dictarían cursos de manejo de drones y de francotirador.Incluso, el Costeño se ufanaba de las relaciones con “duros de las Farc”, que había sido escolta de la esposa de Iván Mordisco, que le había regalado un apartamento en Coveñas y que si alguno estaba sin trabajo y quería irse para el monte, él le hacía la vuelta. El Caleño, según se ha conocido, tendría cerca de 40 homicidios encima y en la actualidad está detenido por hurto en una URI de Bogotá, pero desde allá, por videollamadas, da las órdenes.Al final, todos cayeron como fichas de dominó por incumplimientos del Costeño. El cobro por el asesinato fue de 700 millones de pesos, pero de anticipo recibió 45 millones. Le prometió dinero a alias Gabriela y finalmente solo le dio 1.200.000 para su fuga con destino a Caquetá; al menor de edad que cometió el atentado le ofreció 10 millones y nunca se los entregó; Cristian Camilo González, el conductor de la moto que se presentó voluntariamente, le contó a la Fiscalía que había pedido 10 millones, que si hubiera sabido que era un senador, habría pedido 20, pero tampoco recibió ni un peso.Ahora todos los testigos, incluido el menor de edad, del cual aún no se sabe su paradero y hay temor de que sea asesinado, están apuntando hacia el Costeño y sus socios de las disidencias de las Farc, los mismos que le venden la droga que maneja en la olla de su barrio.

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