Mucha agua ha pasado por debajo de los puentes de la izquierda latinoamericana desde el Foro de São Paulo en 1990. Un esfuerzo que fue muy exitoso en ubicar presidentes de izquierda a lo largo de toda Latinoamérica. Para muchos latinos, el progresismo representó una posibilidad de implementar un cambio de un modelo, acartonado y elitista, que se antojaba subsidiario de las políticas norteamericanas. También a ese conjunto informe y no muy acotado de ideas y políticas señaladas arteramente como ‘neoliberales’.